Después del ajetreo de la navidad todo vuelve a la calma y tranquilidad. La fiebre de los fuegos artificiales y los regalos se ha esfumado, y yo regreso a mi rincón de siempre, a mi rincón que es como mi refugio para recorrer mi propia existencia. Debo confesar algo, la navidad ya no es como mi mente lo recuerda, allá en los años maravillosos de mi niñez, todo era más tranquilo y menos ostentoso. La navidad ya no es más panetones en envolturas rojas, ya no son más las luces de bengala que esperaba emocionada prender en la noche buena, en compañía de mis primitos, ya no es más escuchar villancicos esperando el nacimiento del niño, sobretodo eso no?. De pronto, el sentido de la navidad ha cambiado bastante, ahora veo a los niños que con ansiedad casi enfermiza esperan las doce para obtener sus regalos, veo las calles plagadas de publicidad en donde incitan a comprar y comprar, ah! eso si, la sonrisa de tu hijo ante un regalo de precio exorbitante no tiene precio, pero para el resto existe la tarjeta...definitivamente la navidad ya no es sentimiento sino sometimiento comercial o debe ser el tiempo que no pasa por gusto y te hace ver las cosas de otra manera cuando se ha recorrido bastante.

Vuelvo a mi rincón que me sirve de estancia en momentos que el viento no sopla a mi favor, como ahora, que me envuelvo de nostalgia por no poder pasar estas fechas con esa persona especial que marca mi vida día a día porque el nacimiento del niño es también el nacer otra vez de ese sentimiento de amor y esperanza de dos personas que se aman. Feliz navidad amor, te amo y tu sabes cuanto.

 

Neyda.